No había atravesado la frontera a pie, por eso no entendía muchas cosas.

Había escuchado sobre la crisis. Que al terminar los estudios la cosa cambia, que, fulanita lleva tantos meses y el hijo de un amigo casi dos años. Que no era fácil, que ya vería; cuando tuviera que enfrentarme a la búsqueda trabajo.

No puedo decir que para mí esta haya sido la primera, puesto que trabajé durante gran parte de mis estudios. En una empresa de telefonía, en un departamento de mi universidad, en un centro de asesoría legal gratuita, en dos dependencias públicas y en dos organizaciones civiles.

Tan cerca del mundo laboral, imaginaba la inserción como una simple continuación lógica, pero pronto me percataría de los escollos de la frontera entre la vida estudiantil y la profesional. Empezando por el hecho de que como estudiantes nos podemos dar el lujo de trabajar sin un salario. Se dice fácil, pero del dicho al hecho…. cuatro meses y nada.

Se busca trabajo

Basta un rápido recuento para constatar una vida universitaria más que productiva. Un “sacre cv” como dijeron los franceses. Licenciatura, maestría, diversas publicaciones, trabajos en red y un cúmulo considerable de experiencias internacionales. Sin embargo, como vería más adelante, eso no garantiza nada.

Lo que vi a continuación fueron cosas para las que nada, más que la vida misma, te preparan.

Mi búsqueda se sitúa en dos ubicaciones geográficas atravesadas por un océano, entre un permiso temporal de residencia en un país y una puerta siempre entreabierta en el otro. Una moneda al aire. Una búsqueda doble que a veces se hace dos búsquedas. Una como extranjera  y otra como expatriada.

Del mundo real a la realidad del mundo

Primer paso: tramitar un permiso temporal (APS) de residencia, que otorga  6  meses de gracia para buscar trabajo. La cosa es simple: si se encuentra empleo, se accede a la posibilidad de obtener una visa de trabajo. Si no, hay que dejar el territorio francés en la fecha marcada en la viñeta.

Y ¿qué tipo de trabajo?, pregunté antes de salir de la prefectura.

Nosotros solo otorgamos el permiso, eso lo tienes que ver en la “Directe”.

En la oficina de mano de obra extranjera del Ministerio del Trabajo me explicaron que el empleo debía tener relación directa con el campo de estudios realizados en Francia, una remuneración de al menos 1.5 del salario mínimo y un contrato general de duración indeterminada. Condiciones que me parecieron perfectamente razonables.

Lo que nadie me dijo es que 2,000 euros es un salario muy elevado. Nadie me dijo que en muchos casos necesitaría un permiso de conducir que tarda meses en tramitarse y cuesta alrededor de 1,000 euros.

Tampoco me dijeron que los puestos en organizaciones humanitarias francesas se enfocan en comunicación, administración, finanzas e informática; y que las áreas jurídicas están muy por debajo en la lista de prioridades. De hecho, en muchos casos son dejadas a cargo de pasantes y voluntarios que se van reciclado de una organización a otra.

Y mucho menos que las organizaciones civiles, por falta de financiamiento ofrecen contratos subvencionados a los que no puedo tener acceso; que los empleadores deben pagar un impuesto por contratar extranjeros y presentar un estudio demostrando entre los nacionales no encontraron candidato más apto para el puesto.

La “crisis” del trabajo

Al llegar mis 25 años, llegó también el plazo del seguro familiar de gastos médicos. Con el término de mis estudios terminó también la cobertura de la seguridad social estudiante; y con mi último depósito de beca concluyó también el último mes de renta. Para entonces, ya me había enterado de que dos tratamientos médicos de largo plazo, uno dental y otro ginecológico, me harían falta para no llegar a los 30 en condiciones lastimosas.

En la oficina de adhesión al seguro popular me pidieron un comprobante de inscripción a la agencia de servicio al empleo. En  la agencia de servicio al empleo (pole emploi) concluyeron que, a pesar de ser “buscador de empleo” no podían inscribirme por no contar con visa de trabajo. El asesor con el que presenté por tercera vez mis papeles me despidió amablemente con un “sabemos que es contradictorio y desventajoso, pero no podemos hacer nada, lo sentimos”.

Falta decir que aquí no puedo ser abogada (mi profesión de base) porque estudié la carrera de derecho en otro país. No puedo ser funcionaria pública por no ser ciudadana francesa, y a causa de la regulación de mano de obra extranjera no puedo ser voluntario remunerado, pasante remunerado con perspectiva de empleo, aprendiz remunerado ni acceder a contratos de de profesionalización o de inserción.

En realidad, la búsqueda de trabajo es por sí misma un trabajo, para el que se requieren habilidades que se aprenden únicamente sobre la marcha. No importa cuántos sitios especializados, bolsas de trabajo o agencias existan.

Estos meses he descubierto que la crisis del trabajo está lejos de ser únicamente económica. Porque al final, uno se encuentra a sí mismo en lo que hace, en la ocupación a la que dedica la mayor parte de tiempo y esfuerzo. Tiene que ver con sentirse útil, pero sobre todo con el derecho a obrar, crearse y recrearse con sentido. Por eso, el trabajo es un derecho humano.

Aunque tengo la suerte de enamorarme sistemáticamente de mi trabajo, la dificultad no está en encontrar empleo sino salario. Y es que, hasta ahora lo noto, mientras sea en calidad de voluntario, todo es abiertamente bienvenido, pero cuando se trata de  remunerar, pocas son las puertas que se mantienen abiertas.

“¿Qué vas a hacer hoy?” “Seguir buscando, claro”  Y buscar se convierte en un imperativo en donde encontrar trabajo pareciera  lo único aceptable. Sabiendo que no habrá más calificación que el tener o no qué comer y donde dormir. Desaparece la continuidad y rutina de semestre escolar, vacaciones-semestre-vacaciones. Ya no hay un camino claro para nada. Es pasar de un ambiente en el que todos, tanto amigos como mentores, se reúnen en un mismo espacio. Y luego, al salir, todo es mar abierto. Todas las cartas de navegación hay que escribirlas unx mismx.

Se vende profesionista

Siempre he tenido problemas con eso de la gallina que pone el huevo y luego lo cacarea. Quizá porque lo encuentro un poco presuntuoso. Pero lo cierto es que tampoco se puede seguir costeando una vida de voluntariado a costillas de todo mundo.

De pronto hay que darse a conocer y hacer visibles los logros. Porque las oportunidades no llegan si no se tocan las puertas.  El tiempo llega de analizar el trabajo previo. De valorar, sin sobrevalorar. De sentir la relatividad 5 años de experiencia convertirse a veces en 10 y a veces apenas en 1. De revisar el currículum con lupa, bajo diferentes ángulos, con diferentes formatos y en diferentes lenguas. Porque cambian los criterios (extensión, fotografía, redacción, estructura) de un CV, según sea en español, inglés o francés.

Llega también el momento, aunque no nos guste, de crear perfiles. Así lo exigen los empleadores potenciales y la inscripción en redes profesionales, Cadrexport, Linkedin, Viadeo, Academia.edu, About me. De aprender a surfear diario en los sitios de reclutamiento y seleccionar correctamente las ofertas. De 150 candidaturas espontáneas en los primeros 2 meses, a alrededor de 40 candidaturas específicas. Entre dos y tres horas por cada candidatura, entre adaptación de textos, corrección ortográfica y escaneo de comprobantes.

Hay que escribir cartas de motivos aunque no sea motivación lo que invade después de una larga fila diaria de “lo sentimos”. Eso, cuando existe respuesta. Apenas se envía una carta y ya hay otro “desolé” en la bandeja de entrada. Hay que aprender, además, a redactar para todos los gustos. Decidir qué obviar, qué omitir, qué resaltar. Después ir viendo qué cosas funcionan y cuáles no tanto. Y el contacto: ¿Cómo mostrar iniciativa sin ser demasiado insistente?, ¿tiene más impacto la interacción virtual o telefónica?, ¿se vale buscar al empleador en su red personal, en su sede de trabajo o en algún evento?

Buscar empleo es emplearse. En la síntesis (de información), análisis (de ofertas), monitoreo (de redes), estrategia (de comunicación), traducción, flexibilidad y otras habilidades. Es aprender a lanzarse, sin importar los requisitos de experiencia o permiso de conducir, cuando éstos no son esenciales para el desempeño del trabajo. Eso ya se verá en la entrevista. No estamos para auto-cerrarnos las puertas.

Buscar empleo requiere estar en constante actualización y siempre al día. Entrenarse en la cacería de ofertas, en la detección de la depresión (que ronda espera el momento para anidarse sin que nos demos cuenta) y hasta en el empleo de tiempo. A veces extrañando que un maestro, con guía de estudio en mano, nos dé simplemente la fecha de examen.

Lo cierto es que actualizar currículos y escribir cartas de motivos inevitablemente conduce a hacer el balance entre lo que hay y lo que se quiere. Recordar de dónde vengo y hacia dónde me dirijo, especialmente a quienes han puesto las baldosas de ese camino.

Lo cierto es que buscar invita a decidir entre subirse a barcos en picada o construir sus propias oportunidades; a preguntarse ¿qué descartar?, ¿por qué no un cambio de giro?, ¿por qué no má estudios? y ¿Dónde está la diferencia entre vender o venderse? Es un salto que requiere de mucha paciencia. No es fácil. Al mismo tiempo es simple. Cada quien tiene sus luces y sus voces de conciencia. Basta con dejarlas hablar y escucharse.

 

El que busca (se) encuentra… dicen por ahí.

En las últimas semanas me han ofrecido puestos en donde, sin certificado de elegibilidad para contrato de inserción, no he podido ser contratada. Así que, podemos decir que encontré pero no he encontrado. De la misma manera, podemos decir que sin encontrar, he encontrado. Aquí estoy, descubriendo que una búsqueda, cuando se busca de veras, puede ser muy productiva.

Este tiempo buscando me ha permitido conocer a los actores internacionales en promoción y defensa de los derechos humanos. Entrar en contacto con tendencias y modelos como la cooperación internacional, que me faltaba profundizar en la escuela. Identificar los temas que más me llaman. Realizar un training sobre los procesos de selección y reclutamiento de organizaciones y cursos intensivos de manejo de instrumentos virtuales y en red.

Por otro lado, solamente desde la perspectiva de buscadora de empleo se vuelven visibles, pero sobre todo comprensibles, las distribuciones e índices de salarios, las carencias de la seguridad social o bemoles de la política migratoria. Esas que los medios llaman realidades del “mercado de trabajo”.

Buscando encontré también amigos solidarios, palabras de aliento, consejos prácticos de personas con las que coincidí por breves instantes. Sobre el impacto de una llamada telefónica, el intitulado de un CV, la fotografía “profesional”, o en qué momento relanzar una candidatura. Algunos hasta me pidieron mis datos para circularlos entre sus contactos.

Me ha tocado aprender a recibir. A agradecer a todas esas personas que nos abren la puerta de su casa cuando se nos acaba la renta y nos echan la mano cuando se acaba el descuento estudiante, a todxs quienes me han corregido textos en francés. Bien lo dijo Pepe Resortera “las dificultades nos dan la verdadera templanza, en ellas descubro a mis mejores colaboradores, amigos y he escrito mis mejores poemas”

Aprendí a ser desempleada. Pero sobre todo caí en cuenta de que la bendición de tener elección es una de la que muy pocos  gozan.

Es difícil convivir con la frustración, el miedo y la inquietud propios del desempleo. Mucho me ha costado dejarlas simplemente correr entre los días buenos y otro no tanto. Y la verdad es que finalmente no puedo saber cuántas negativas se dieron por falta de competencias o hasta qué punto ha influido en las decisiones mi calidad de extranjera. Lo que puedo es enfrentar cada “no” con los brazos abiertos, con la confianza de que, a su debido tiempo, el viento ha de llevarme a donde me toca.

La transición entre los estudios y el trabajo, aún teniendo un proyecto y una trayectoria claros, es un momento difícil, porque entre lo que se sueña y las condiciones existentes, pareciera abrirse una brecha y acabarse el camino. Pero justamente porque no hay más brújula que unx mismx, es una excelente oportunidad para conocerse, cuestionarse y atreverse. Para observar. Para dar. Para aprovechar el tiempo y mantenerse activo. Para construir puentes. Para preguntarse, si se tiene madera de emprendedor, ¿por qué no?

Ahora sonrío, sabiéndome cómplice del(a) buscador(a) de trabajo frente al espejo. Quiero decirle.

Desempleado, empléate. ¡No pierdas la oportunidad de ser libre!

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