¿Alguien se siente igual que yo?

En una palabra: inVierno

En una frase: Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo, para algunos se denomina mariposa.

En verso: Amo, lloro, canto, sueño, con claveles de pasión, con claveles de pasión.

En melodía: http://www.youtube.com/watch?v=ZoJz2SANTyo

En pocas palabras:

Pienso que es momento de explorar nueva-mente esos senderos ya transitados, pero bajo la luz de este presente cqmbiante y continuo. No sé cómo ni para qué pero siento que en este momento debo encontrar un rincín soleado, un bolígrafo y una hoja.

¿Hasta dónde mis ganas de “siempre hacer” son un producto social y hasta donde parte de mi naturaleza? Con tanta cosa que se nos dispara a diario, ¿cómo ubicar aquello que no es intrínseco? A veces tengo esta impresión de que somos mentes tan aprisionadas que incluso la libertad se nos ha convertido en un lujoso cuarto con barrotes.

Después de todo, vida se compone de símbolos, mensajes e interpretaciones. Corrijo: el mundo, porque la vida se compone de eso que pese a todo intento de asignación linguística, termina siempre más allá de una denominación de vida, sinónimo de vida, esbozo de vida, que no son más reveladores de ésta que lo es de mí la suela de mi zapato. La vida se explica viviendo.

El mundo es tal como elige verse. Espejos: el corredor es la que escribe y la que escribe es el corredor. Sombra: esencia que se desnuda de mundo preconcebido; cambiante, interactiva, transformadora constante. Río: el tiempo de Heráclito, el cambio.

Me digo que es así como veo el mundo y acaso simplemente me lo digo.

Que amar, vivir, son actos de fe. Que nada nos pertenece y que nadie puede ser enteramente congruente. Que pueden convivir la voluntad divina y el libre albedrío. Que, de hecho, nada sabemos. Que el control es falaz y el error oportunidad-es. Que la mayor fuerza emana de la vulnerbilidad absoluta. En el perdón como entrega y no como concesión o dádiva, que no se ofrece ni se da, sino que se comparte. Que la paz se es, no se vende ni se promulga. Y así podemos seguirle…

Pero, ¿qué pasa con todo lo que creo, si finalmente soy yo (o mi yo prestado) quien lo cree y a mi manera lo creo?

Este inicio de año pedí la capacidad de ver claro; y sin embargo he venido descubriendo que toda mirada, por profunda que sea, no deja de ser parcial. (Caro: habrá que meditar muy bien qué pedir para el próximo año)

Lo cierto es que cuando soy feliz, soy triste, soy com la gana me da, simple y llanamente, toda esta verborrea pierde sentido. Y sin embargo, pensar (esa función tan humana) que a veces nos llama, nos pide hacerle frente, quizá porque quiere decirnos algo. Quizá por ello las corrientes, las de adentro y las de afuera, me han traído a esta banca de madera, en la mitad, en el filo, en el centro de este hormiguero.

En verborrea:

¿Alguien más se siente como flotando?

Justo en la intersección entre la responsabilidad (la de hacerse cargo de sus consecuencias), la contradicción (inherente, nos guste o no nos guste), la experiencia (la que nos queda, la que nos “falta”, la que no elijo al elegir escribir este correo, la única), la subjetividad (la incomodidad y el placer simultáneos de entendernos siempre parciales), las buenas intenciones (que sobran en un mundo y tan insuficientes en otro), el reconocimiento (de que “cómo ustedes, nosotros ahí hemos estado”), la complejidad (la de todo lo anterior) y la simplicidad (exactamente la misma).

Ese punto en el que de pronto todas dejan de ser palabras para convertirse en quasi personajes con los que uno puede entablar diálogos de lo más escalofriantes. La Responsabilidad, la Contradicción, la Experiencia, la Subjetividad, el Reconocimiento, la Complejidad, la Simplicidad, el Fondo, el Imaginario, el Consciente, el Inconsicente…. -también el colectivo-, la Vida misma, la vida con otros, la vida en común, la vida-común-itaria (y tantas de las que no alcanzo a escribir todavía).

¿También les pasan rozando las complicaciones imaginarias de nuestras efímera existencia, cuyas raíces se aparecen sin embargo tan a-flor-de-piel, tan palpables?

¿También les hace cosquillas esta dificultad de distinguir las diferencias? La diferencia entre una imposición y una colaboración. La diferencia entre una opinión y una injerencia. La diferencia entre un cóndor y un pájaro carpintero. La diferencia, si es que la hay, ….. la simple y sencilla diferencia.

¿A ustedes también les sucede?

Esto de constatar cada vez más claro que el funcionamiento de un estado, el de una ONG (de cualquiera de las ficciones sociales en las que vamos circulando) como el del ser humano, no son más que el eterna re-ciclaje de las mismas piedritas de río: los intereses, la percepción, las relaciones, las estrategias, los puntos, los puntos ciegos, los puntos y a aparte, el punto de equilibro, los errores, el cambio, les re-mises en cause, y una lista interminable de etcéteras.

¿También les llega de pronto esta sensación de que cuando se busca algo, tendemos a encontrarlo por todos lados? La constatación cada vez más evidente de que a cualquier análisis individual le falta siempre algo, porque una sola parte no puede dar cuenta de todas las dinámicas resultantes del encuentro de distintas voluntades en un mundo compartido.

¿Se han descubierto también partes de este juego de analogías y de retóricas? Como la del desarrollo. Desarrollo, sí sí pero en el fondo…¿estamos dispuestos a cuestionar / sacrificar verdaderamente el mantenimiento de nuestro estilo de vida en favor del tan discutido y re discutido, multi discutido, ultra discutido, sobre discutido y más que discutido desarrollo?

Este juego de palabras, situado en una época de hiper comunicación, en la que paradójicamente existen personas de las que nadie habla. Dice mi maestro de gestión que “para hacer desaparecer a la gente, únicamente hay que cambiar el criterio …. de las encuestas”. Este juego que comienza y termina -lo mismo da, se mueve-, en el momento en el que nos convertimos en todo aquello de lo que hablamos, y en todo aquello de lo que nos impedimos hablar.

¿También ustedes lo sienten?

Este repentino mareo, a veces ebiedad, con duda siempre sorpresa… de observarse inmersos en los paradigmas de nuestra época. Y esa puertita que tímidamente se nos abre al comprender que la diferencia esencial entre la justicia sancionatriz y la justicia restaurativa es hacer ver al menor infractor que lo que está siendo juzgado es su conducta y no su persona.

¿Alcanzan a ver también la pefección siempre imperfecta con la que nos cae lo que tiene que caernos como tiene que caernos y dónde tiene que caernos aunque no nos demos cuenta? Un pisotón en medio de la fiesta, una llave olvidada, un agujero en el calcetín izquierdo. Ninguno de ellos casuales.

¿Se sorprenden también?

Siendo ciudad, siendo desarrollo, siendo encrucijada, siendo alegría y siendo guerra, siendo el dolor que creíamos ajeno, siendo tabú, dificultad-es.

¿Encuentran también algo de mágico y de aterrador en el cínismo con el que todos esos debrayes se traduce concretamente en la expresión cotidiana?

Se vuelven concretos ahí donde nos toca apoyar, opinar, ¿tomar partido?, sobre los términos de un divorcio. Ahí donde nos toca lavar los trastos rotos. Ahí donde el contrato, el de matrimonio, se puede convertir en la cínica declaración de la desconfianza para con el otro. Ahí donde la ley, que poco o nada tiene a veces que ver con la realidad (más bien con la pretensión soberbia del hombre de anticiparse a toda interacción humana), se queda en palabras bonitas (si algo aprendí como jurisita es que la buena volutad no se legisla)

¿Les maravilla como a mí la contundencia con la que se descubre de pronto que no hay huida posible cuando la hora llega de hacerse frente a sí mismo? A nuestras verdades, siempre falseables. Y al descubrimiento de que esa imagen de la viejecita tejiendo que le achaqué a la cabeza de Mingo no salió de otra más que de la mía.

¿Se preguntan también de vez en cuando, sólo por curiosidad y por curiosidad sola-mente, “qué lugar he de ocupar, si he de ocupar alguno, en esta vida ficticia, más bien artificial en la que nos repetimos diaria-mente que vivimos”? ¿Se conmueven al mismo tiempo entendiendo cómo, de dónde y por qué la hemos creado? ¿También ustedes se preguntan “cómo” y se responden “la verdad es que no tengo la menor idea?

Si ningún esfuerzo es en vano porque todo energía se transforma….

¿todo esto también se lo preguntan? ¿Se contenta también, a pesar de tantas interrogantes, con ir viendo un día a la vez cómo esta inocente suma de enunciados irreverentes van cambiando las realidades?

Si alguien se siente ligera-mente, curiosa-mente, autre-mente como yo, haga el favor de decírmelo.

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