Comment être sûr de sa foi tant qu´elle n´a pas été testée ? (Hasta que un día)

Háblame Dios, quiero escucharte. Después de todo, e ignoro si así lo hicieron Gretel y Hansel, había que sentarse a observar e hilar tanta pista tranquila-mente antes de volver a casa.

Y descubrir lo que quisieron decirme en el delirio la fiebre tifoidea, el repentino silencio de Raiza, las lágrimas de Angéle, o el niño que me recibió aventándome una piedra, y después de rasguñarme la cara me despidió con un pellizco en Beka Hossere (detrás de la montaña).

¿De dónde el monólogo provocador en el tren de regreso? ¿De qué recóndito lugar la invitación cínicamente tentadora de reflexionar como si cualquier cosa en una tierra en donde la reflexión había venido costándonos un huevo? ¿De qué me di cuenta en ese vagón de primera? [Mateo 4, 1-12]

Y ¿por qué los últimos rostros africanos tan diferentes a los que había venido encontrando? ¿De dónde el repentino descubrimiento de la ciudad que no me había permitido visitar todavía? Ésa que se atreve a hablarme abierta-mente de homosexualidad, corrupción, sida, infertilidad, poligamia, machismo, colonización y otros tabúes. Ésa que me cuestiona de firme mvet de los cameruneses del mundo-de-donde-vengo. De pronto un militar, un matemático huérfano de padre y madre, y un día fuera de Yaoundé (el que conocía) y más dentro de Yaoundé (el que me faltaba descubrir) El arte de junglear. La tentación de no poder más. ¿Hacia dónde la sinceridad, más bien cinismo, con que al final sus calles me preguntan qué chingados sigo haciendo aquí? ¿por qué no me voy? o ¿por qué no me quedo?

Ahora Yaoundé nueva-mente, a media semana de la puerta de embarque. Todavía siento que me queda preguntarme ¿a dónde vine a parar al final de este viaje de des.encantos?

Los encantadores mitos que tenemos del continente en dónde empezó todo y de su magia. Un “ellos” y un “nosotros” bien acentuados. “Chez les blancs, les pedés (los homosexuales) se casan entre ellos” “Eso es lo que está bien en África, si alguien se sale del camino lo regresamos a golpes” Lo difícil que es no reparar en “lo que no hay”, (el olor de una boquita sin cepillo de dientes, las manitas sin lavar porque en el kínder no hay agua ni baño, el lunch mosqueado y maloliente en una caja de cartón y todo eso que no sé si voy a lograr escribir un día) La journée de un taximan. Fallidos intentos de amistad que terminan -sin comenzar siquiera- en “¿qué me vas a dar?, ¿a dónde vas a llevarme?, porque “ustedes allá tienen mucho dinero” n´est pas? “Yo quiero vivir como los blancos” qué fuerte, qué real y qué legítimo, después de todo. Un pueblo que parece hundido en amnesia colectiva y que vive con embargo de una memoria dormida pero bien latente.

Al final, la belleza (http://www.youtube.com/watch?v=cghtqLa3R2Q) de volverse consciente de la riqueza de su historia y de sí mismo. De atrevernos a ir más allá de la primera impresión, del cliché y del juicio rápido. Qué bello es el puente entre dos sonrisas que le sigue a una sincera negativa. Horizontes que se abren por dentro. Creaciones inesperadas luego de encuentros con la nada. Diamantes en el cielo. Toda la vida concentrada en 30 minutos de internet gratuito y otro millón de pequeños gestos que me van susurrando que Dios está a cargo. El deseo profundo de dejar con mi paso un universo más amplio en los ojos de mis hermanas camerunesas. Por lo pronto, su sorpresa al encontrar en mí la diferencia, “una blanca buena” (lo que sea que eso signifique) sus cabezas soñando sobre mis hombros y sobre mis piernas de regreso de una fiesta de cumpleaños. “¡Eké! ¡Es como dormir sobre una nube!” (la pequeña Valencia)

Los encantadores pobres y su encantadora pobreza. “Llevo 25 años trabajando en lugares conflictivos de África y durante este tiempo se me han caído muchos mitos, pero aún sigo con la convicción de que los pobres son los más generosos y los que comunican más calor humano” (un periodista en Centro África) Como me lo preguntó algún día un estudiante francés en la escuela de comercio, habría que empezar por explicar qué es eso que entendemos por “pobre”. Que pobreza material no lo es de espíritu, me queda claro. Pero creo que tampoco se trata de eso. “Somos un país pobre” he venido escuchando una y otra vez  a lo largo de estos tres meses, como si eso fuera justificación suficiente para montones de cosas, como “el mundo de papel”, sucio y descuidado,  la ley del “más fuerte”, el culto al dinero y a la corrupción y la vida en golpes.

Al final, encuentro que soy un poco Camerún y eso que llaman su pobreza. ¡Atención!, que qué fácil es acostumbrarse, que es cómodo hablar a gritos pero no se da uno cuenta hasta que se escucha gritando. Bastan las marcas de mi cuerpo, las visibles y las no tanto. Los dientes teñidos con líneas de descalcificación, la piel manchada y reseca, el cabello roto y a pedazos. Las huellas de tifo en el estómago. Las frecuentes ganas de no despertar “wake me up when september ends”, que nunca antes había conocido, y cada juicio prematuro. Pero sobre todo la sensación de estar tan de pie como de rodillas, exhausta, azotada; la sed del silencio que guarda un beso y del abrazo de mis padres. Llena pero vacía (*), porque al final hay cosas con las que uno no puede sólo, y así va la vida. Al final, con todo, me encuentro  más bella que nunca. Las increíbles cosas de las que me he visto capaz. Los pies limpios y descalzos.

Las encantadoras asociaciones civiles. Las jerarquías, protocolos y otras tantas necedades institucionales. El “método” de cada uno. Orgullo, malentendidos y susceptibilidades. El lado humano de las organizaciones, y la autocrítica o su ausencia, como en todos y en todos lados. El ruido, cuánto ruido, ¡tanto ruido! Tanto se habla, tan poco se escucha, tanto se habla tan poco se escucha, tanto-se-habla-tan poco-se-escucha, tanto, tan poco, tan tan…. ¡Y tanto, tanto, tanto por seguir aprendiendo!

Al final la capacidad de convertirse en propuesta. Dejé mi espíritu crítico para cuando me lo pidieron y aprendí a conciliar entre la imprudencia y la importancia de decir lo que la sinceridad dicta aunque después toque que le corten a uno la cabeza. Podríamos decir que en el CV ya puedo poner provocación, gestión y resolución de crisis organizacional, si es que tal cosa existe. Aprendí a portar el significado que, no por azar, tiene mi nombre; y a celebrar que así, con dificultad, seguiré caminando. Reconocimiento, diálogo, negociación. Al final, blancos, negros, pero también grises y todos los colores con todos sus matices (http://www.youtube.com/watch?v=QUZSlqy4xZI) Las barreras que se caen cuando se toma la decisión de enfocarse en las soluciones y ya no en los problemas. La experiencia, palpable, de que más allá de un rol y de una posición habemos seres humanos. Una excelente lección profesional y de vida.

La encantadora defensa de los derechos humanos. Lo mucho que me costó creerme que Irma venía de recibir una amenaza de muerte por interponerse entre un bastón enfurecido y una espalda descubierta. Pero ¿cómo es posible?, me vino a decir perpleja y temblorosa, que me reprochen haberme “metido” con la maestra que todos saben peligrosa, en lugar de hacer algo para proteger a la niña. ¿Qué se supone que debía hacer, escuchar los gritos y pasarme de largo? ¿Qué podemos hacer? Volteo a ver mi tríptico de la violencia contra los niños (la prohibición de los golpes en la escuela, artículo 35 de la ley de educación camerunesa) y me cruzan rápidamente por la cabeza lo pequeño que es Ngaundéré, lo posible que es que la maestra “se arregle con el Ministerio”, lo lejos que está la capital y lo ineficaz que es todavía la Comisión de derechos humanos. Le recorro el camino en una explicación breve de cualquier manera y miro en su rostro la indignación hacia la impunidad y el miedo que silencia. Imprimo el tríptico para no dejar y subo a buscar la pelota, el gis y el palo de escoba.

Al final encontrar el límite del defensor y del abogado. Entender concreta- clara- mente el por qué de mi dilema entre crear obligaciones y despertar conciencias. El desenlace de una batalla de antaño con compromisos y responsabilidades.

Las encantadoras misiones en el fin del mundo. Encontrar en las misioneras, religiosas o laicas, la vida que había venido soñando y darme cuenta otra vez de que, conmigo, el sueño ha cambiado. Difícil, muy difícil asimilar lo que a simple vista no se percibe.

Asimilar, entender, aceptar. Que ambas estamos llorando. Que es ÉSTA la tierra en la que me toca crecer, y ¿qué voy a hacer con ella? (tarjetas postales a mano, canciones de media noche, compartir mi historia con quien quiera escucharla, cursos de español, “devinettes”, masajes de pies, cáscaras de plátano; inventar historias, compartir hábitos, permitirme descubrir todo tipo de personas en todas partes, aprender a esperar paciente) Si un mes no es un siglo, solamente dos o tres.  Que, después de todo, prefiero tres semanas que se hacen eternas entre gritos con la familia que ha sabido ser la mía, que la ilusión de una noche tranquila en el Hilton de centre ville. (http://www.youtube.com/watch?v=1pLsb1YMsKE)

Sueño de una noche de verano: Estoy acostada en la cama de mi habitación de Nkol Bison a media noche. Me observo dormir cuando de pronto un viento fuerte me arranca de la cama por la ventana para llevarme a una tierra en donde es de día y las calles están cubiertas de arena. Caigo deslizándome pecho tierra frente a una enorme construcción estilo árabe. Siento el golpe al caer pero no me ha pasado nada. Algunas personas corren en mi auxilio. Me levantan y comienzan a hablarme en una lengua que no comprendo. No sé por qué pero sé que son musulmanes y me conducen al interior de una iglesia en donde se celebra una misa católica. Me siento en segunda fila detrás de un hombre joven de cabello negro. Junto a mí un niño pequeño cargando una bebé de meses apenas. Ella empieza a llorar con un llanto que me suena inconsolable y la tomo entre mis brazos trayendo hacía mí también su biberón vacío. Sé que llora porque tiene hambre pero el recipiente está vacío. Pido con todas mis fuerzas y de pronto el biberón empieza a llenarse de leche blanca. La bebé succiona como si no hubiera comido en días y cada vez que el líquido está por acabarse vuelvo a pedir y éste nuevamente se llena. Después de un rato miro por fin el rostro de la pequeña profundamente dormida. Veo las escenas a veces desde mí, a veces desde fuera. El hombre de cabello negro no ha girado la cabeza pero sé que no ha dejado de observar atento. Despierto sin alcanzar a ver su rostro en el momento justo en el que voltea.

Al final darme cuenta de que algo en mí, que hemos decidido llamar fe pero que bien pudimos llamar  galaxia o mandarina, ha madurado. Reconocer abiertamente que me duele el corazón y que ¡ya basta! Que sueño mucho contigo, estrella (http://www.youtube.com/watch?v=qWgYqW8wtsI) Que por más que busque mil maneras, la más hermosa para profesar amor es aquella en la que estoy viviendo estas últimas duras, durísimas semanas.

Al final asumir, sin pena ni reproche, por dónde sí y por dónde no, porque se vale. Asumir las bases, las prioridades y lo que significan para mí cosas en las que no tenía idea que creía. Aceptar entera-mente toda respuesta posible a las preguntas que uno se hace, porque sino ¿para qué las hace?

Noventa días como hoy: Volviendo, re-partiendo, recomenzando. Il était tombé tout la nuit une pluie à tuer les oiseaux. Il avait soufflé toute la nuit un vent à déraciner les fromagers. Un trabajo tan desafiante como satisfactorio. Lluvia con sol y sin arco, hasta que observándose- flor se descubre el iris. (http://www.youtube.com/watch?v=I4hBrdQoupw) Una profunda tristeza combinada con una profunda alegría. La diferente responsabilidad de un director de asociación y la de una madre. “C´est ma fille”.  ¡Amiga! en el barrio me saludan. Conversaciones de pórtico con el tiempo. La chance se trouve au détour du chemin, mais on ne la saisit qu´a condition d´emprunter le chemin. Le pantouflard ne saurait jamais découvrir le champignon. En période de grande disette, les héros d´un compte chez nous ne découvrit la pierre magique que parce qu´ils s´était lancé dans une quête à travers la forêt et n’avait pas hésité à plonger ses mains dans les épines du buisson pour recueillir l´objet précieux dont il était complètement ignorant de son pouvoir.  Dicho de otro modo: Heráclito sumergido en la mierda sin promesa de garantía. “Lance ta Pierre sans chercher à savoir d´avance où elle tombera” (proverbe Bamileké)

No me equivoqué cuando adivinaba que para ir abriendo el camino de vuelta a casa tendría que ir enfrentándome a todos mis miedos (tomando el sol y cantando con Barack desamarrado). Una a una las calles de Yaoundé se me fueron revelando, como si me hubieran permitido verles poco a poco a condición de tener el coraje de encontrarlas. El amor en tiempos de cólera. Un mundo nuevo. Al final África, a su manera, me vistió de esperanza. (http://www.youtube.com/watch?v=3FNjHtCksZY)

Al final lo volvería a hacer, aunque casi me dejo el corazón en el camino o me deja el corazón a mí para tomar el primer vuelo a México.

Amanece. Frente al letrero de “Toutes directions” te pregunté, camino, a dónde querías llevarme. Siguiendo una loca corazonada, me llevaste ahí-dónde-empezó-todo y a.hora me respondes sereno que “et bien, a ningún lado”.  A dónde el corazón te lleve, a preparar el nido a los pequeños, a dónde quieras viento, a la semilla que llevo dentro.

Hasta que por fin un día, de pronto, después de tanto cargar nos hartamos de sostener nuestro personaje, nuestras pretensiones, nuestra historia personal, nuestros logros, nuestras máscaras y rompemos de una vez por todas el rostro, la imagen, la mente, los disfraces, la ilusión… y nos permitimos por fin volver a ser tal cual somos, transparentes, imperfectos, vulnerables… por fin un día nos dejamos de pendejadas y nos atrevemos a ser libres. (J.M.A.)

 Hasta que

 

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