Comment être sûr de sa foi tant qu´elle n´a pas été testée ? (ojos de amor)

“Ya no llores pequeña niña que llora”, así me diría mi hermana.

Miro a Valencia frente a mí y me pregunto ¿Qué contendría  nuestra conversación? ¿Qué cambiaría? ¿Cómo sería si ambas fuéramos niñas sentadas en esta mesa? ¿Y si no hubiera televisión, le pregunté en la mañana, qué harías? ¿Sería que debería quitarme esa visión de encima y aprender cuántas preguntas interesantísimas puede una lanzar a partir de la peor caricatura?

Como he dicho ya, habría que despojarse.

Hoy hemos tenido la primera junta de preparación del módulo de formación sobre los derechos de los niños. Mawussi e Yvonne han llegado dos horas tarde, pidiendo de inmediato ver la presentación del trabajo. Lo entregué sin pasar por alto que de no haber tomado la precaución de traer la computadora, descargar todos los materiales necesarios desde antes de venir, traer materiales de mi país y entrevistarme con las niñas para ver cómo funcionan aquí las cosas, no habría podido entregar nada. Por falta de información y por falta de herramientas. Como sea me las arreglo, pero no gustó nada la manera en que trabajan. Para mi sorpresa, he sido increíblemente paciente.

“Si tenemos tiempo podríamos también agregar algunos juegos en esta parte”. “Siempre hay tiempo” me dice Mawusi. Es cierto que “en otro tiempo” le hubiera tachado de holgazán y de  mal hecho, pero algo me dice… ¿Será que voy comprendiendo que lo que sea que me presenten está destinado a enseñarme algo? Que no importa si el trabajo no sale perfecto (porque amo mi trabajo y me gusta que esté bien hecho) si en el hacerlo  florecen otras cosas inesperadas? ¿Qué sus manos tienen una historia que contar y yo estoy aquí para escucharla? Simple-mente.

Ya lloraste, niña que llora, y llorar siempre es bueno. Pero ahora que has limpiado los ojos hace falta mirar de nuevo. Aquí está todo, y en abundancia, solo hay que encontrarlo. Cenando con papá Toos y mamá V. (¡qué rica es la piña!) surgió la idea de enviar a una de las pequeñas de visita a México. “Pero va a querer quedarse allá, dice mamá V.” “Pues que se queda, así va la vida, – dice papá y continúa- la vida es elección y si mi hijas escogen vivir en Japón, pues que lo hagan”, mamá V. lo piensa un poco, luego asiente. Después se enoja con Valencia porque no ha estudiado. A diferencia de otras veces, ésta vez parece más enojada, el regaño es severo pero no grita. Le cuesta creer que ella que no pudo estudiar haga el esfuerzo para prepararse a sus años, con montones de hijos y un trabajo, y la pequeña pase toda la tarde sin abrir la libreta. Le dice que siga el ejemplo de Brenda, que es aplicada en la escuela. Se levanta al día siguiente a las 3 de la mañana para estudiar con ella.

Ya está bueno de mirar con juicio. Seguro mirando diferente encontraré quien me sonría, quien me indique el camino cuando esté perdida, quien me mire sin temor directo a los ojos y hasta quién me haga una broma.  Y a lo mejor hasta me encuentro por ahí con un grito cariñoso. Hay que ver con ojos de amor, y así de pronto el amor llega.

“Il ne se passait pas un jour sans que j’aille voir mes plantes pousser. Je pouvais rester des heures á attendre qu’elles germent et quand en fin une minuscule pousse pointait, ravie, je la sortais de la terre pour tenter de comprendre le miracle. Ma mère m’a expliqué qu’il fallait au contraire bien enfouir les graines et les laisser pousser toutes seules. Et, á mon grand étonnement, elle avais raison: moins je m’en occupais, mieux ils poussaient!”

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