Comment être sûr de sa foi tant qu´elle n´a pas été testée ? (Messa y Mokolo)

He logrado convencer a papá Tos de dejarme ir al centro mañana con Valence.

Saliendo de Beatitude reconozco Mokolo, la zona del mercado.  Me doy cuenta que hemos cruzado una nueva franja cuando  encuentro frente a nosotros el primer semáforo. Entiendo ahora por qué dicen que queda lejos el centro. No es que la distancia sea larga, pero bajo el sol, entre el embotellamiento y de bache en bache el camino parece interminable. Algunas casas de asistencia social me anuncian nuevamente el cambio de zona. Vamos llegando a Kansik Messa (algo así como el centro de Acapulco)  bancos y grandes comercios. Un poco más adelante edificios y carteles anuncian el centro. Es ahí donde está la oficina de mamá V.  Parece que en esta zona la gente está más habituada a los blancos. Me miran igual, pero me dan los buenos días. Hay zonas residenciales, donde viven “los grandes”, los agentes de gobierno y embajadores, me dice Valencia.

Puedo finalmente comprar el shampoo y un poco de crema en el súper mercado. De regreso, en el taxi, de pronto me acuerdo nuevamente que estoy en África, sucede que no sé por qué a veces se me olvida.

Aller en ville était une aventure extraordinaire. Je découvrais émerveillée la foule, les vitrines des magasins, les étals bien garnis des marchands .Tout cela me fascinait tant que j’en oubliais ma longue marche et mes pieds fatigués (…) Ce contraste m’avais très vite frappée, mais j’étais trop petite pour véritablement m’en offusquer et pour penser que cette ségrégation était volontaire. Depuis lors les choses sont bien changés, car ce ne plus la couleur de peau mais la fortune qui dessine les lignes de partage”.

 

A ratos siento coraje. Valencia me comparte su paquete de galletas aunque es la primera vez que las come en su vida. ¿Cómo decirle que nosotros las comemos  aún sin tener hambre, con leche y con chocolate?, igual que bebemos sin tener sed y tomamos baños para relajarnos. No le digo, me invade algo que no sé si es indignación o vergüenza. Camerún…voy mirando. Me pregunto, ¿cómo es posible que un país que tiene a leguas tantos recursos no pueda hacer transitables sus calles? Transitable con caminos de lodo o con caminos de cemento, no importa, pero transitable. A veces siento que para no colapsar aquí primero hay que despojarse de nuestra concepción de libertad y de justicia.

“¡y son los blancos los que nos vinieron a civilizar!”, “¿en tu país no hay esto? o ¿por qué viniste hasta acá?”, “aquí decimos que Dios hizo una mala elección porque les dio a los blancos el cabello largo y suave, a ellos que son malos” Me da vueltas la cabeza.

Para cerciorarme de no ir perdiendo la cordura me pregunto, ¿si muriera justo aquí y ahora? Seguiría muriendo en paz, me digo. No tengo idea de dónde y cómo, pero sé que vela por mí mi familia, que quien me ama está aquí, en la mano de la pequeña que me guía. Siento ganas de llorar…. y lloro.

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