Comment être sûr de sa foi tant qu´elle n´a pas été testée ? (Cuando digo surreal,)

Cuando digo surreal,

Me refiero a que de pronto se puede ir caminando por una avenida agujereada, respirando el humo del contenedor de desechos que se quema en medio de los  gritos, los que se entiende y los que no. La gente tirando basura en las calles como esperando un trofeo. Y al fondo, quién sabe de dónde, una melodía de esas capaces de calmar hasta al más feroz.  Tan bella como las colinas maltrechas que la urbe atraviesa. (Algo así como el video de happy christmas de lennon)

A veces mestiza, a veces  bronceada, casi siempre blanca, tomada siempre por demás por europea. Escurriéndose en el mar de todos-te-venden algo; el dinero abriendo  y cerrando paso, ¿cuántos francos me pides por escribirte este correo?

Fuera susceptibilidades, porque si aquí una se pone reina, pierde el quicio -en el mejor de los casos-. Después de faltarme de una y mil maneras al “respeto” (o a lo que me han enseñado y he aprendido hasta ahora que es el respeto) ¿cómo esperan que les responda? pero sonrío.

No tengas miedo, me dice el chofer del taxi. No, no tengo. Aunque de alguna manera que no entiendo me lastima, no tengo miedo. Solamente me entristece.

¿Cómo debe ser el día a día de los hombres para que el único argumento de ligue sea el grado de su virilidad, o para que ella te diga en susurro que por lo menos te lleves a su recién nacida? Si aquí la gente es tan feliz, ¿por qué todos, hasta las “grandes personas” de la colina, parecen querer irse?

Y me pregunto hasta que la cabeza me duele, ¿se darán cuenta? ¿Sabrán que los deshechos que tiran con tanto desdén y orgullo provoca las inundaciones de las que tanto sufren? y si no alcanza ni para un pan, ¿por qué siguen teniendo tantos hijos?

No me gusta decirlo, pero no hay nada de romántico en la pobreza. Una cosa es aprender a vivir con el mínimo indispensable porque se es consciente de lo que no se necesita, vivir ligero, y otra muy diferente sobrevivir con lo que toca o, el colmo, con lo que el dinero permite.

En el taxi una mujer gorda tiene que pagar dos asientos. Quien haya visto su cara sabe bien que no es gracioso.

A veces tengo esta sensación de que aquí el mundo ha sido tan forzado a verse en blanco y negro, que ahora cree que lo es. Nunca imaginé que lo maravilloso y lo grotesco podrían encontrarse así, tan de la mano.

Aquí dos meses de vida que se me confían por entero, dejándose caer a ojos cerrados en mis brazos. Mis ganas de no dejársela a nadie para que no le griten que se calle ni le den golpes en sus manitas. Las ganas de decirle con el arrullo, “duerme pequeñita, mientras esté yo aquí no va a pasarte nada”. Dichoso aquél capaz de mirar a los ojos un bebé y saberse digno de ver la paz que en ellos descansa.

Y de pronto, cuando tengo la impresión de que sin anestesia no puedo más,  se acerca un joven, de la “nada”, para decirme que “no hagas caso, concéntrate,  que la gente vive acomplejada y temerosa, pero no hay que dejarse arrastrar”, o “buen día, guarda bien el billete dentro de tu bolsa”, o incluso “bienvenida y que Dios te bendiga” Entonces…. Dios bendice, y el mundo pierde todas sus dimensiones….surreal.

 

Elle est oú Eyengà

C’est qui Eyengà ?  je ne connais pas.

Comment ca? Eyengà  habite chez toi mais tu ne la connais pas?

Mais c’est qui Eyengà ?

C’est la blanche.

Chez moi on appelle ca l’intégration.

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