Comment être sûr de sa foi tant qu´elle n´a pas été testée ? (beignets haricots)

Si pensábamos que el desayuno mexicano era pesado, intentemos desayunar beignets  haricots (bolas fritas de masa de trigo y azúcar con arroz y frijoles charros)

La pequeña Lupresia vino a despertarme en la mañana. “¡Tata Claudia, tata Claudia! Tu est trés aimaible” Yo medio dormida medio despierta, todavía tallándome los ojos, “Qu’est ce que t’as dit ma cherie?”. “J’ai dis que je t’aime” 🙂

Me cuesta trabajo entender como pueden ser tan cariñosos estos pequeños si no es exactamente el trato que observan en los padres. Quizá dentro de su fachada dura, tienen las madres una manera diferente de mostrar cariño. Me gustaría insertar aquí la protección y el  bienestar que sentí cuando mamá V. me tomó de la mano antes de entrar al “campo” para que no resbalara con el lodo.

Empezaba a llover, y no precisamente café, cuando terminamos de recoger el plátano y los chiles. El mundo no se ve igual en medio del bosque tropical, para todos lados tan bello. Tan abundante que uno se pregunta…. “Así son las cosas en África” me dijo Mamá V. adivinándome el pensamiento. Tenemos los recursos naturales pero no los medios de transformación que tienen las potencias europeas. Ya está, ellos lo saben.

De regreso pasamos por un poco de vino de palma donde el anciano del tabaco. ¡Qué bonitas sus cortinas de corcholata! (me impresiona la enorme creatividad por todos lados) Sé que soy portadora de un símbolo, me guste o no me guste, pero empiezo a sentirme un poco más cómoda. Legando con la familia la recepción es distinta. “¿Cómo está la blanca?” Pero esta vez “la blanca” es con una sonrisa. Las miradas parecen (y quizá lo son) severas, pero cuando se abren, cuando acceden a recibirte, me da la impresión de que lo hacen sincera  y completamente.

“Amma” (porque toda mujer a partir de cierta edad aquí es llamada “mamá”) me presenta como su nueva hija “C’est notre nouvelle fille”. Al parecer tengo varias “amma”,  pero hasta ahora yo me siento solamente hija de Mamá V. Antes de volver a casa pasamos a repartir plátanos a las otras casas de la familia. No le entiendo todavía a esto de la poligamia, todo lo que sé es que los hijos se sienten hermanos, pero se distinguen unos de otros. Mamá V. me explica que ella prefirió así a que su marido tenga una amante. Me quedo callada.

Los gritos me siguen calando. No entiendo cómo es que los adultos callan a los niños cuando ríen, pero se dirigen a ellos gritando cada que los llaman. El más grande grita al que le sigue y así va la cadenita hasta llegar al más pequeño. Quizá de entre todos solamente se me dificulta a mí porque no estoy acostumbrada. Quizá su manera es así y no les molesta. Pero no entiendo entonces por qué a mí me hablan diferente. Sinceramente es una realidad que cansa mucho. Hacía mucho que no había tenido tantas ganas de poner pausa, de tomar una siesta, no despertar y quedarme un poco más en un sueño, de apagar los sentidos, de salirme aunque sea un minuto.

Lo difícil no es habituarse a los eructos cual estornudos al hablar, a que uno despida a sus invitados  jalando de resorte bajo del calzón o a la falta de cortesía, a comer del mismo plato algo pesado y grasoso que otro ya mordisqueó y a nunca lavarse para comer las manos. No, no es eso.

Lo difícil tampoco es habituarse a los  insectos y a los recursos limitados, a que se hable tanto de dinero y tan poco del amor (como en muchos otros lados) a vivir al día,  ir por el agua al pozo, no poder comprarse un shampoo y que el cabello haya que cortarlo. Lo difícil no es que la casa sea pequeña y muchas las personas, ni que cada tanto se vaya la electricidad. No, no es eso, eso no es lo difícil.

Lo difícil no son esas cosas pegajosas que pasan en la televisión a las que se rinde uno resignadamente. No es lo contrastante de ver la combinación entre tanta creatividad y tanto cansancio y ver cuántas posibilidades se pasan de largo. Ni si quiera es cierto que lo más difícil sea estar confinada sin dinero a una casa sin poder físicamente moverse hasta donde ven los ojos. No, tampoco es eso lo difícil.

Lo difícil son los detalles más allá de la visión romántica que tenemos todos los que nos decimos amantes de la vida sencilla, austera y sustentable. Es cierto que la gente sabe vivir con poco aquí, y es admirable. Es impresionante como, a pesar del bombardeo “occidental” mediático,  no ambicionan con amargura ni se quejan de lo que tienen o no tienen. Es admirable la creatividad con que sacan provecho de todo y fabrican utensilios, la magia de sus manos. El ritmo y el arte con que viven, la inquebrantable fe que mantienen. La alegría de vivir que conservan los niños, aunque no siempre los adultos.

He dicho alegría, porque eso de que sean felices o que sean plenos habría que constatarlo. Nótese la ambigüedad del término viniendo de otra cultura. Cuando le pregunté a Valencia si era feliz se me quedó mirando como si le hubiera hablado en  otra lengua. La repetí varias veces, pero no dio señales de comprender la pregunta. Otra fue la cuestión cuando le pregunté lo que le gusta y lo que sueña.

Uno se imagina el cuadro general, sin agua caliente, sin vanas comodidades (aquí cabe la pregunta ¿es una comodidad el servicio médico de calidad?) y se dice “qué padre”, con sólo imaginar casi se siente uno más cerca de la naturaleza animal, vegetal y humana. Si uno pudiera tomarse todo el día para sentarse y resolver sus necesidades primarias, para después por la tarde tocar la guitarra, se lo concedo. Pero a la imaginación se le escapan los detalles que se conocen acercándose, cuando uno se empieza a dar cuenta de que la ropa se ensucia, el cuerpo suda, los insectos pican, los niños lloran, los impuestos se cobran, el sol quema, la lluvia inunda,  los vecinos aumentan, y buscan casa.

Habría que preguntarse, ¿a dónde van los desperdicios de plástico? ¿qué pasa con los insectos que se generan cuando no se lavan los trastes?¿cuántas personas se quedan sin trabajar cuando se corta la luz? ¿Cuántos esfuerzos se necesitan para mantener en pie una casa con el mínimo de recursos?, ¿cuál es el ánimo que queda al final del día? ¿Qué rendimiento escolar tiene el niño que caminó horas bajo el sol con el estómago medio vacío para ir a la escuela? ¿y cómo le muestra amor la madre que está exhausta de todo lo que le toca?, ¿cómo repercute todo lo anterior en  el desarrollo de los niños?

Son las cosas concretas en las que se traduce el sueño huajiro lo que en realidad es difícil. Cuando te preguntan cómo le vas a hacer cuando te cases si duerme tanto, a qué hora vas a despertarte para dar de comer a tu marido, para que no se enoje y te pegue. Las niñas pidiéndole a papá que le pegue a mamá si se pinta el cabello de naranja. La familia cuidándome de la asociación y la asociación de la familia. Y a lo mejor por eso me cuesta tanto salir de mis sueños por la mañana. Aunque casi todos desde que llegué hayan sido angustiantes. Abdu se ha dado cuenta de que me hace falta mi familia y me ha llamado para darme las buenas noches. Él casi no grita. Me recuerda mucho a mi hermano Carlos.

Para explicarme mejor: ¡qué difícil es armar un curso sobre derechos de los niños mientras que los regaños y llantos no dejan de escucharse! It goes beyond surreal. Me siento como boxeador queriéndo bajarse del ring antes del tercer round a tomar aire. “T’est partie, tu nous a laissé tous seuls” ¿Cómo ponerte a trabajar cuando una pequeñita estuvo horas esperando tu regreso? Y de pronto las risas de los niños son como el agua que el coach le avienta al boxeador a la cara para que se levante. Gracias estrella J

 

On ne l’a pas cultivé mais il a pousé. Dieu nous donne beaucoup des choses”. (mamá Victorine)

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