A mi padre

Desde donde no recuerdo, me ha fascinado siempre el arte de traducir en palabras los remolinos que se sienten adentro. Era pequeña cuando comprendí que “cuando uno nombraba a Ometeotl, el creador de la dualidad, uno se instalaba en el momento mismo de la creación, ése era el poder de la palabra hablada”. La palabra, ése intento tan humano para explicar lo inexplicable.

Pequeña seguía siendo el día que inmersa en un éxtasis que jamás había sentido y que más tarde aprendí que llaman trance, escribí en mi libreta de notas: “if my word is my Gift please God speak trough me” (i.m.w.i.m.g.p.G.s.t.m.), “si mi palabra es mi don, por favor Dios habla a través de mi.”

Lo único que entendí al leerlo fue que aquello era un mensaje venido a mí de algún lugar desde donde alguien intentaba decirme algo. Sin poder quitarle los ojos de encima y sin darle mayor explicación decidí guardarlo en mi cofre de secretos.

Muchos años tardé en descubrir que aquello que creía olvidado quedaría tatuado en lo profundo de mis memorias, marcando los causes por los que desde entonces he venido transitando. Mucho menos pensé que algún día aquella frase misteriosa vendría a postrarse nuevamente frente a mí, dejándome bien claro que nada hay más que entender que no me haya ya explicado con mis propias palabras.

Así que el mensaje dice que quizá mi don sea mi palabra. Las palabras pueden ser bonitas, pero nada habla más fuerte que los hechos, me enseñó mi padre. Entonces la palabra que vive en acción puede crear cosas hermosas, pero se vuelve infértil cuando se queda sin cuerpo.

En este libro compilo precisamente montones y montones de palabras, que he venido combinando, compartiendo y viviendo a lo largo de mis andanzas. Con ella pretendo darte gracias aunque sé bien que, paradójicamente, gratitud no es de palabra. Me acuerdo perfectamente del momento en que escribí cada una de ellas.

Un verano de hace algunos ayeres “Me indigna” me impulsó a escoger el derecho como carrera. Llegué luego a Monterrey en un “Breve momento de”, luego de contar el “Caso de la mujer que dejó su aseo para decirle ve la magia y lee”. “El perro” fue un sueño que tuve.

Dos años después, la muerte de mis compañeros hizo fluir en cascada “Después de la propuesta, la acción”, “Cuando no existe una fuerte cultura ciudadana” y “¿Qué fue del movimiento estudiantil universitario?”. Conocer a la sociedad civil me hizo preguntarme “Si no ahora, ¿cuándo? y si no nosotros ¿quién?” y “¿En dónde están los estudiantes?”. Querer generar un cambio me llevó a gritar “Universitario, ¡ésta es tu columna!” y “Heterotopía: Visión México.”

En el aula descubrí “Los ojos de mis compañeros” y fuera de ella me atreví a escribir “Nican uan Ne” y “Vamos poniendo el cuerpo donde ponemos las palabras”.

Viajando escribí “La metáfora del viajero” y “Viaje a la media noche”. Lejos de mi país sentí “México en la piel” y entendí que “Las instrucciones decían lo siguiente:” Tardé mucho en escuchar a “Mi rodilla izquierda”. Hoy sé que “Si duelen los surcos las semillas han brotado” y he descubierto al fin “Mi sentido del derecho”.

Ojalá que al leer estos textos puedas disfrutar y celebrar conmigo lo hermosos que han sido los años de un ciclo que ahora termina, y bendecir también conmigo el camino que ahora elijo. Ojalá logre poner ante ti, a través de mi palabra, el corazón al descubierto.

Sucede que hay mucho de lo que he escrito a lo que no me he atrevido a ponerle entero el cuerpo, pero entonces nada de lo que durante cinco años de trabajo duro y buena voluntad he conseguido me seguirá haciendo sentido si no atiendo antes a este llamado de raíz, que reflejado en mi palabra se hace cada día más fuerte, más concreto y más ineludible.

Hace tiempo que vengo observándolo y he de confesar que a veces me gana el miedo y busco refugiarme en el anhelo de volver a ser la niña de dos años corriendo hacia la protección de tus brazos. Sin embargo, querido padre montaña, quiero ser responsable de mis palabras.

Me gustaría mostrarte cuánto deseo tomar por equipaje una muda de ropa, mi voz, mis habilidades y experiencias, quizá un libro, mis manos y las palabras que de mí broten, y salir a caminar hasta donde esta llama- llamado me lleve.

Éstas son las palabras que he escrito. Ésta es mi siembra, cuyos frutos hoy te entrego en ofrenda al amor infinito e incondicional que de mis padres siempre he recibido.

Así como la mirada depende de quien mira, lo mismo pasa con la palabra.

Yo quiero ser digna de mis palabras.427715_10150668810016007_603130192_n

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